El presidente de la Asociación Española de Banca, Miguel Martín, transmitió ayer al presidente del Gobierno su profunda inquietud acerca de las grandes bolsas de dinero que aún podrían permanecer en poder de los ciudadanos, y más concretamente entre el colectivo de parados. La banca estimó en más de veinte mil millones de euros el dinero que los desempleados podrían mantener todavía en sus cuentas de ahorro, y advierte de que esa cantidad podría doblarse, o incluso elevarse al cubo, y luego multiplicarla por el curioso número Pi, si se contabilizara el “cash” que guardan los trabajadores en sus casas, en sitios tan inverosímiles como una caja de costura, las alcancías con forma de cerdo con pestañas, o el recto de uno o más miembros de la unidad familiar. El presidente de Bankia, Rodrigo Rato, ha reafirmado el desasosiego que cunde en la Asociación Española de Banca, asegurando que un hogar de clase media, con todos sus miembros en paro, podría esconder hasta veinticuatro euros en efectivo, incluyendo las monedas de un céntimo de euro, el doblón de a siete, y las piezas de cinco duros. Rato llegó a calificar la situación de angustiosa y estresante para cualquier banquero que se precie de tener un mínimo sentido de la ambición, y presentó al Gobierno una batería de medidas encaminadas a absorber las bolsas de dinero que aún quedan en poder de los trabajadores, y desvalijar cuanto antes a todos aquellos hogares que oculten moneda fraccionaria. Según ha sabido esta redacción, una de las medidas más espectaculares consistiría en la concesión de un permiso especial por parte del ministerio del Interior para que los interventores de los bancos pudieran disparar a las rodillas de los ciudadanos en caso de que se negaran a contratar bonos preferentes o cualquier otro producto que se considerase deleznable para el cliente y extremadamente lucrativo para el banco. Los sindicatos han aconsejado a los ciudadanos que se traguen todas las monedas que puedan, o que las gasten en aceite y conservas.